Media Noche

El hombre vive habitualmente sumergido en su vida, náufrago en ella, arrastrado instante tras instante por el torrente turbulento de su destino, es decir, que vive en estado de sonambulismo sólo interrumpido por momentáneos relámpagos de lucidez en que descubre confusamente la extraña faz que tiene ese hecho de su vivir, como el rayo con su fulguración instantánea nos hace entrever, en un abrir y cerrar de ojos, los senos profundos de la nube negra que lo engendró. Tenía razón Calderón en un sentido aún más concreto y trivial de lo que él supuso: por lo pronto, la vida es sueño, porque es sueño toda realidad que no se captura a sí misma, que no toma plena posesión de sí misma, que se queda dentro de sí y no logra, a la vez, evadirse de sí misma y estar sobre sí. Y no hay distinción entre el hombre inculto y el hombre de ciencia: también el físico es sonámbulo y lo es no sólo en su vida común sino que también al hacer su física, al crear su ciencia sonambuliza. La física es sueño, un sueño matemático. El único intento que el hombre puede hacer para despertar, para acordar y vivir con entera lucidez consiste precisamente en filosofar. De suerte que nuestra vida es, sin remedio, una de estas dos cosas: o sonambulismo o filosofía. Yo lo advierto lealmente antes de empezar: la filosofía no es sueño —la filosofía es insomnio— es un infinito alerta, una voluntad de perpetuo mediodía y una exasperada vocación a la vigilia y a la lucidez.

— José Ortega y Gasset

Concuerdo con lo que Ortega y Gasset presenta en este pasaje. No sé si la filosofía sea la salida, es más, no sé si exista una salida, pero creo que todos vivimos en una ilusión. Tal vez cada quien la viva de forma diferente y tal vez lo que da sentido a nuestras vidas son las intersecciones entre nuestras ilusiones, los puntos en común. Sin embargo, debemos intentar hacer sentido de lo que es presentado ante nosotros. Debemos de racionalizar, caer en la ilusión. Es nuestra maldición. No podemos simplemente deambular por ahí, jugar a ser seres no pensantes o jugar a que lo entendemos todo, que al final y al cabo serían lo mismo. Si actuáramos de esa forma, sin lugar a dudas, llegaría el momento en que cometeríamos errores que no podríamos ignorar, en algún momento nos arrepentiríamos. Incluso podríamos llegar a morir. En algún momento pensaríamos sobre nuestras acciones durante el tiempo que dejamos de utilizar el raciocinio o que creímos entenderlo todo, y es ahí donde arribará el arrepentimiento. ¿Es acaso el arrepentimiento una consecuencia necesaria de la lucidez planteada por Ortega y Gasset? Yo creo que sí. Tristemente estamos condenados a vivir en ilusiones que nos provocan arrepentimiento, y no sé si tengamos escapatoria. ¿Será que la filosofía es la salida?