Libros

Les dejo pequeños extractos de un texto titulado Reflexiones Sobre la Educación en México de Pablo Latapí Sarre. También recomiendo su texto En Defensa de la Imperfección. Me abrió la mente a nuevos pensamientos.

Se confunde información con conocimiento, y conocimiento con sabiduría. ¿Qué queda entonces del gozo de aprender, de la lectura reposada que descubre en la literatura la grandeza y miseria de los hombres? ¿Qué queda del asombro, de las pasiones, del pasmo ante nuestros riesgos, del acercamiento a lo heroico, de la aceptación de lo inexplicable? ¿Qué queda de la conciencia de nuestra inconmesurable ignorancia, principio de toda sabiduría?
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La historia de las filosofías educativas es como un pequeño espejo de la larga sucesión de los ideales humanos, imágenes que nuestra especie se ha ido forjando de sus posibilidades. Quien la recorra verá que nunca antes la humanidad había sido tan estúpida como para proponerse ser perfecta.
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La perfección no es humana. Somos ida y regreso entre anhelo y desilusión, mezcla de mal y bien, ensayo reiterado; nuestro hacer queda inconcluso y es precario por definición. Vivimos unos cuantos instantes espléndidos para regresar a la comprobación permanente de que el bien absoluto nos queda grande. Por esto es buena la historia y son buenos los clásicos: nos acercan a la maravilla de nuestra imperfección consustancial.

— Pablo Latapí Sarre

Los libros sirven para que nos demos cuenta de que las ideas que presumimos como propias y originales, en realidad son viejas y ajenas. Si leyéramos más nos adelantaríamos mucho en el proceso de formación de carácter y posición ideológica. Tendríamos a nuestra disposición cientos de personas comunicándonos qué es lo que piensan y cómo han llegado a creer en ello. Tendríamos un caudal de conocimiento a nuestra disposición. Si tan sólo leyéramos.

En la cultura mexicana, penosamente, leemos demasiado poco. Nuestro promedio de libros al año está por debajo de uno. Claramente se nota en nuestra cultura. Como mexicanos, no tenemos una aspiración común. Lo que tenemos es una enorme lista de reclamos, pero ¿aspiraciones comunes? Es más, ahora que estoy tratando de pensar en alguna aspiración común que conozca en México, no logro encontrarla. Para algunos será mejorar la clase política que dirige, entre comillas, el país, para otros será ganar la copa mundial de fútbol, algunos otros aspiran a un aumento de sueldo. No olvidemos aquellos cuya aspiración es conseguir una novia o esposa voluptuosa, alta y rubia, y aquellas que aspiran a un hombre protagonizado en Hollywood con carros estúpidamente caros. ¿Por qué? ¡Qué coraje! Aspiraciones ideológicas comunes, fuertes, que nos una, que nos enropen con identidad, realmente no encuentro alguna por más que me esfuerzo. ¿Será que esto también habla sobre la pequeñez de mis aspiraciones ideológicas? Seguramente sí. ¿Qué debo hacer para escapar a esta triste realidad? La única salida que puedo imaginar es leer. Así que con su permiso, voy por un libro.