Muchas personas piensan que les gustaría saberlo todo, conocimiento total, sapiencia ubicua. En ocasiones yo también lo pensé pero cada vez más valoro la ignorancia. Con esto no quiero decir que valoro el ocio o la flojera mental de muchas personas. Valoro el hecho de que no seamos capaces, por más que nos esforcemos, de conseguir un conocimiento total del universo en que vivimos. Si fuésemos capaces de comprender todo lo que hay por comprender estaríamos coqueteando con la difusa línea que nos separa de aquellos seres mitológicos llamados dioses. Rosaríamos la perpetuidad, jugaríamos con infinitos, encapsularíamos el tiempo. Me da miedo pensar en las consecuencias. Creo que sería insoportable. Tanto conocimiento haría intolerable la contemplación de tantas imperfecciones e incongruencias inherentes a nuestra existencia —inevitablemente aceleraría nuestra muerte— y nos llevaría a un espasmo de perpetua contemplación.

No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.

—La llamada de Cthulhu, H.P. Lovecraft

El pasaje en realidad no habla de la muerte que yo menciono en el primer párrafo, pero en mi opinión, la sapiencia total nos llevaría aceleradamente a ella. Se me viene a la mente la última escena de la película titulada “Pi”, cuando el personaje principal consigue entrar a un estado de conocimiento total a cambio de su vida. La escena es fuerte y no es recomendable si no disfrutas ver escenas crudas. Para que te des una idea, el personaje se taladra el cráneo. Sin embargo, una vez que pasa esa escena, el personaje entra en un estado de contemplación total, lo ve todo y nada a la vez. Es lógico, si se conoce todo, se conoce nada. Para conocer algo es necesario distinguirlo de lo demás, pero ¿cómo hacerlo si todo lo que está alrededor también es perfectamente conocido? Todo está perfectamente integrado con lo demás. (Alguien con ideología posmoderna y conocimiento de la Teoría del Caos podría argumentar que lo que escribo es falso y anticuado. Creo que no lo es, pero aquí no me quiero desviar hacia este otro interesante tema. Creo que merece una entrada dedicada totalmente a él, y se la dedicaré más adelante.) No hay forma de distinguir objeto alguno. De cierta forma, el saberlo todo nos hace ciegos, vacíos e ignorantes. No encuentro las palabras exactas que logren comunicar mi idea de forma fiel y transparente, pero espero logren vislumbrar a lo que me refiero. En este momento acabo de releer el pasaje que cité, y me parece que a esto se refiere con la otra edad de las tinieblas. En fin, son pensamientos escalofriantes que como dije, me hacen valorar la ignorancia.