Acabo de terminar de escuchar el tango de Héctor Mauré llamado Ríe Payaso y decidí publicar la letra aquí. Realmente es una letra que me da mucho que pensar. ¿Cuántos no vivimos algo similar? ¿Cuántos no andamos por doquier mostrando sonrisas y alegría cuando en realidad nos hundimos en llanto y gritamos en silencio? La verdad es que muchos.

El mundo actual nos ha enseñado a la fuerza que así debe de ser. Qué pena debería de darte, nos dicen, que te vean aturdido y sin rumbo, vagando por las calles, con ojeras profundas y sin sentido del tiempo. No nos es permitido explorar nuestras emociones de manera profunda ya que nos desviaríamos de la línea torpemente trazada ante nosotros. Vivimos encarcelados. Vivimos esclavos de la percepción social. Hemos aprendido que lo que mostramos es más importante que lo que somos; muchas veces, una triste realidad. Y cuando algo realmente nos sucede, no podemos simplemente aceptarlo y seguir adelante. Tenemos la innata necesidad de mostrarle al mundo entero que hemos sido víctimas de una tragedia. ¿Por qué no podemos simplemente lamentar el hecho y continuar esforzándonos para sacar lo mejor de donde podamos sin tener que presumir al mundo entero nuestro sufrir? Porque así se no ha enseñado que debemos actuar.

Más admirable es el mudo y triste caminar del payaso con la frente en alto y rostro templado, siempre dispuesto a esforzarse de forma honesta, que el exitoso y jactante empresario que camina pavoneado y aires alzados; mártir involuntario vs. afortunado bravucón. De vez en cuando no hace daño leer y admirar las grandes historias de humildes héroes y heroínas que se engendran en modestas comunidades, nada ajenas a la realidad, pero eso sí, muy alejadas del mundo que conocemos. No hace falta ir muy lejos; sólo es necesario abrir los ojos y la mente.

El payaso con sus muecas y su risa exagerada, nos invita, camaradas, a gozar del carnaval; no notáis en esa risa una pena disfrazada, que su cara almidonada, nos oculta una verdad. Ven payaso, yo te invito, compañero de tristezas, ven y siéntate a mi mesa si te quieres embriagar; que si tu tienes tus penas yo también tengo las mías y el champagne hace olvidar. Ríe, tu risa me contagia con la divina magia de tu gracia sin par. Bebamos mucho, bebamos porque quiero, con todo este dinero hacer mi carnaval. Lloras, payaso buen amigo. No llores que hay testigos que ignoran tu pesar; seca tu llanto y ríe con alborozo, a ver, pronto, ¡che mozo, tráigame más champagne! Yo, también, como el payaso de la triste carcajada, tengo el alma destrozada y también quiero olvidar; embriagarme de placeres en orgías desenfrenadas con mujeres alquiladas entre música y champagne. Hace uno año, justamente, era muy de madrugada, regresaba a mi morada con deseos de descansar; al llegar vi luz prendida en el cuarto de mi amada, es mejor no recordar.

— Héctor Mauré